16 de enero, sábado.
Edificio Princenton, apartamento 23-H. Jim
Zzz.
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Zzzzzzzzz.
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Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz. Ese zZzZumbido.z. Viene de dentro... ZzZzzZz. Arghhh.zz. Pesadez de noche.zz. Necesito tomar algo. Zzzz. Z dammitt¡¡¡zz. Taza volando en picado hacia el suelo.ZzZ.¿¿¿una POLILLA enorme??? Enorme. Empapada en café, ¿de donde ha salido? Mi boca.
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Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz. Ese zZzZumbido.z. Viene de dentro... ZzZzzZz. Arghhh.zz. Pesadez de noche.zz. Necesito tomar algo. Zzzz. Z dammitt¡¡¡zz. Taza volando en picado hacia el suelo.ZzZ.¿¿¿una POLILLA enorme??? Enorme. Empapada en café, ¿de donde ha salido? Mi boca.
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| Bicho¡¡¡¡¡ |
Zzzzz. La boca... Vibra.. Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz.Hacia el baño. A trompicones. Duele la garganta, las encías, las raíces de mis dientes. Vomito. Mi boca expulsa miles de insectos que inundan la estancia, es un flujo en el que se confunden mis gritos con el zumbido de los asquerosos bichos.
Mi mente se apiada de mí y caigo desmayado, en un sueño febril e imposible en el que me convierto en una de esas malditas larvas.
Central Park
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| Patinando en C. Park |
Día despejado en New York. Nigel y Mildred acuden a Central Park, ella quiere patinar, él hace lo posible por no dar con su trasero en el hielo. A unos metros de la pista al aire libre ha ocurrido algo. Los transeúntes se apelotonan, llega la policía. Recoge el cuerpo de un vagabundo de color. Nigel observa y distingue en su frente la misma marca de Elias.
El irlandés está contento, siente mariposas en el estómago, su abuela le diría que está enamorado. Tal vez. Le sube la adrenalina pensando en todo lo acontecido esta semana. Ayer, gracias a una carta de recomendación obtenida de un profesor de Columbia pudo obtener los apuntes privados del Dr. Huston, tomados durante las sesiones de psicoanálisis que tuvo con Roger Carlyle. Está deseando enseñárselos a Jim y Henry mañana, en el funeral de Elías.
17 de enero, domingo.
Cementerio de Arlington
El irlandés está contento, siente mariposas en el estómago, su abuela le diría que está enamorado. Tal vez. Le sube la adrenalina pensando en todo lo acontecido esta semana. Ayer, gracias a una carta de recomendación obtenida de un profesor de Columbia pudo obtener los apuntes privados del Dr. Huston, tomados durante las sesiones de psicoanálisis que tuvo con Roger Carlyle. Está deseando enseñárselos a Jim y Henry mañana, en el funeral de Elías.
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| Informes del Dr. Huston (se lee mejor la fotocopia) |
Cementerio de Arlington
Tom, Henry y Nigel acuden a la cita. Se miran extrañados, ¿nadie ha visto a Jim?. Elías no tenía familia, pero una pareja de un hombre maduro y una señorita de rasgos acerados están allí para despedirse del difunto. Se presentan, son Jonah Kesington, editor de Elías y su acompañante Srta. Caroline. Cerca de finalizar la ceremonia aparece el teniente de policía M. Poole. Tiene una charla privada con el editor, parece que le entrega algo. Justo en ese momento, a lo lejos y por el ramal central del camposanto, Henry ve extrañado como un auto se aproxima lentamente. Le resulta familiar, claro, ¡es el Chevrolet Sedán de Jim¡ , era imposible que se olvidara del funeral de su amigo. De la sorpresa pasa a la alarma, que asoma como un relámpago sobre sus ojos: hay tres ocupantes en el vehículo, y si la vista no le engaña parecen de color. Henry y Nigel se acercan al camino y en ese momento las ventanillas descienden y los ocupantes del vehículo abren fuego sobre ellos.
Han herido a Henry, pero no es nada grave. El Chevi acelera y emprende la fuga. Poole descarga su revólver sobre el vehículo rozando la carrocería, pero Caroline, la misteriosa mujer, apunta con una Luger alemana con la precisión de un halcón, reventando una yanta. Los tres negros descienden y emprenden la huida como locos endemoniados. Ni los investigadores ni el maduro policía son capaces de darles alcance.
Acaban de sufrir un intento de asesinato por parte de los que mataron a Jackson Elías. Y se ha empleado el coche de su amigo Jim. Después de oír un molesto zumbido en su interior, abren el maletero y multitud de insectos voladores salen como disparados a presión del mismo. Una sustancia pegajosa impregna la tapicería del vehículo. La escena le cuesta algo de cordura a Caroline.
Próspero House
La policía se lleva a Henry al hospital para que revisen y curen esa herida superficial de bala, se lee recomienda reposo de al menos 48 horas. Tom y Nigel son invitados a comer por el Sr. Kesington. Todos están de acuerdo en una cosa: continuar con sus investigaciones hasta el final, acabar con esta secta de asesinos que guarda relación con la información que Elías manejaba sobre la expedición Carlyle. Su propia seguridad está en juego.
La policía se lleva a Henry al hospital para que revisen y curen esa herida superficial de bala, se lee recomienda reposo de al menos 48 horas. Tom y Nigel son invitados a comer por el Sr. Kesington. Todos están de acuerdo en una cosa: continuar con sus investigaciones hasta el final, acabar con esta secta de asesinos que guarda relación con la información que Elías manejaba sobre la expedición Carlyle. Su propia seguridad está en juego.
El editor apoya sin reservas a los investigadores, les facilita una carta, varias notas recibidas en la editorial hace meses del mismísimo Elías desde Kenya, y una guía de El Cairo propiedad de Elías que el inspector Poole le ha entregado esta mañana. Dentro de la guía hay varias pistas: una fotografía, dos cartas dobladas y un folleto publicitario.
Además, les indica que toda esta historia huele a dinero, y que cualquier información relativa a la fortuna Carlyle y el destino de Roger puede llegar a valer muchos miles de $$$ en la manos adecuadas. Acuerda con los investigadores que la Srta. Caroline, trabaje junto a ellos como guardaespaldas profesional, esta mañana ha demostrado su valía y él pagará sus honorarios.
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| Kesington animando a los inv. a poner orden en las pistas |
Nigel y Jim intercambian toda la información y la parte más lúcida del segundo empieza a asociar sus sueños con la visita a la Casa del Ju Ju. En cuanto llega a casa, arroja a la basura el palo de lluvia de esa tienda de pesadilla.
Brooklyn
Nigel acude a "El mirador de Brooklyn", es domingo noche y comienza el programa de los sueños... Una de las cartas de los oyentes le alarma. Está escrita por Doris W., una mujer anciana que reside en Harlem, a dos manzanas de la Casa del Juju. En su carta dibuja algo que se repite en sus sueños: el símbolo de la secta de la lengua sangrienta, un símbolo que Nigel ya ha visto repetidas veces esta semana. Muy nervioso termina la emisión no dándole importancia al descubrimiento. Inmediatamente contacta con Jim y Caroline y deciden acudir a Harlem en un taxi, primero a la casa de la anciana, después a la tienda de máscaras africanas...
A partir de ahora la narración de la crónica corresponde al genial sin par Adolfo. ¡ Muchas gracias por el curro¡. Ha sido muy divertido ;-)
17 - 18 de enero, madrugada del domingo al lunes. Horror en Harlem.
18 de enero, lunes. Vuelta a la pesadilla.
A la mañana siguiente los periódicos indican que la
redada de la policía ha desmantelado un grupo de etnia de color, responsable de
los asesinatos de Nueva York que tenían como centro de reunión el tugurio en
Harlem de Mabel La Gorda, y se menciona el incendio de la Casa del Juju como
relacionado con los hechos. Parece que algunos heridos se encuentran
hospitalizados.
Llegados a Harlem, los tres investigadores le piden al
taxista que vaya dando vueltas, y que vuelva a pasar a intervalos de 10-15
minutos por la calle donde se encuentran la casa de Doris y la casa del Juju.
(no depara nada bueno aquella visita). Desde el portal de Doris, advierten que
a un par de manzanas hay un coche del que salen varias personas, entrando en
la casa del Juju. Tras una breve duda, deciden subir al piso de Doris.
El edificio de apartamentos de la anciana está en un
estado lamentable, y cuando suben a su piso, al llamar a la puerta nadie
contesta. Alarmada por las llamadas, una vecina sale de su casa:
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| La vecina pelma de Doris |
Vecina: -¿Qué hacen dos hombres y una mujer blancos a
estas horas en un barrio como éste?
Jim: -Buenas noches señora, teníamos cita con Doris, y
nos hemos retrasado un poco, ¿Sabe usted si se encuentra en casa?
Vecina: -Si quieren encontrarla, busquen a esa gentuza de
sobrina que tiene, no se mete en nada bueno, todo el día en la tienducha esta
que está a dos manzanas, todo el día con mala gente, ¡todos como malditas
cabras! Su sobrina la llevó hace un par de días en su silla de ruedas a una
residencia, o un sanatorio, o a dónde diablos sea.
Nigel: -¿Y no tiene usted una llave o algo para que
podamos entrar y buscar algo que nos ayude a localizarla?
Vecina (escéptica): -¿Tú has visto el estado en el que
están estas puertas, blanquito? El día menos pensado viene cualquier chalado,
nos echa la puerta abajo y nos hace Dios-sabe-qué.
Jim: -Muchas gracias, buenas noches señora.
Terminado este diálogo, nuestros tres compañeros intentan
entrar en la casa por sus propios medios: tras un infructuoso intento de
Caroline de forzar la cerradura, Nigel, impaciente, da una patada a la puerta, que no opone resistencia y se abre sin escándalo.
Dentro se encuentran con un piso viejo y no demasiado
cuidado. Aunque a primera vista no hallan nada que llame su atención, en el
armario del dormitorio de Doris descubren una túnica de ritual y un Pranga (un
machete de gran tamaño), unas facturas en las que aparece el nombre de la sobrina
de Doris ( … …), un portarretaratos de la anciana y una bolsa de tela con
varias muñecas de vudú, con unas notas en las que leen alguna cosa que les
extraña: “Ritual de envío de sueños” “Resucitar cadáveres”, todo muy
enigmático.Tras abandonar la casa, habiendo guardado todo lo que
encontraron que piensan puede ser de utilidad, deciden ir a la casa del Juju,
no sin antes decirle al taxista que continúe dando vueltas y volviendo
periódicamente.
Al acercarse, Jim y Nigel curiosean a través del
escaparate, pero no ven nada que llame su atención, solo parece la tienda que
Jim conoce, aunque distinguen una tenue luz y sombras en el interior del local.
Oyen el rugir de un motor y se refugian en un callejón lateral cercano a la
entrada. Acto seguido aparece un auto que aparca en la esquina, del
cual salen tres negros que no se percatan de su presencia, dirigiéndose hacia
el local hablando muy alto y quitándose la ropa. Al llegar a la puerta, la golpean
gritando -¡Silas¡-, el nombre del dueño
de la tienda, que les abre e invita a pasar diciendo cosas
extrañas. Con la hoja entornada advierten un sonido como de tambores en su
interior, pero sin saber muy bien de dónde. Tras un par de minutos, la puerta vuelve a sonar y sale el
dueño llevando un pesado cubo de basura hacia el callejón que hace esquina con su tienda, en el cual se
esconden los investigadores. Al ir Silas de espaldas arrastrando el cubo, no
se ha percatado de su presencia. Una vez
en el callejón, Caroline decide emboscar al anciano para sonsacarle
información, y tras un leve forcejeo del cual sale victoriosa la teutona, el
interrogatorio resulta de lo más infructuoso y deja a los tres amigos
intranquilos, puesto que Nigel se da cuenta de que ese hombre no está en sus
cabales:
Nigel: -¿Qué tramáis ahí dentro anciano?
Silas: -Pasad pasad, blanquitos, pasad jejejeje
Tras ponerse a balbucear palabras en otro
idioma, Caroline decide dejarlo inconsciente, y registrarle: encuentra un
librillo de contabilidad de la tienda y una pesada llave que lleva al pescuezo.
Al entrar en la tienda, les llaman la atención varias
máscaras que parecen de médicos vudú africanos, pero lo que más les inquieta es
un eco sordo de tambores proveniente del sótano, el cual descubren escondido debajo
de una alfombra, que tapaba la trampilla que permite el acceso al mismo.
Después de una larga discusión sobre cómo actuar a continuación, y yendo contra
el criterio del Irlandés Nigel, deciden quemar la tienda, rezando por la muerte
de los que han puesto en peligro la seguridad de la ciudad, la suya propia, y
los asesinos de Jackson Ellías.
Una vez se han asegurado de que la trampilla está bien
cubierta y tapada, prenden fuego a la tienda con un farol de queroseno que
allí encuentran, pero en ese momento un espeluznante gemido procedente del
sótano rasga el aire y rompe el equilibrio mental de Caroline, que queda en
estado catatónico, recitando rimas infantiles en alemán y sin ser de utilidad a
sus compañeros. Mientras el local comienza a arder salen a toda prisa con
intención de llevarse a Silas para estudiarle e interrogarle más
a fondo. Nigel se adelanta para ir a buscar al taxista que está en el portal
de Doris, mientras Jim intenta calmar el estado de locura temporal de Caroline.
En ese momento y a espaldas de Nigel, un automóvil gira la manzana, sus faros
alumbran a Jim y Caroline en la puerta del local, sin percatarse de la presencia
del joven psicoanalista, que tras avisar al taxi, se lanza en carrera a ayudar
a sus amigos. Dos negros se bajan del automóvil y van directos a por
Caroline y Jim, armados con dos machetes. Jim les da la bienvenida disparando,
no es muy hábil con el arma corta, pero ¡bingo¡, mata a uno y hiere al otro,
aunque no lo suficiente para impedir que se abalance sobre él. Mientras tanto,
de la tienda empiezan a salir llamas y romperse los cristales, mientras algunos vecinos se asoman curiosos por sus ventanas. Por suerte, Caroline recupera
su cordura a tiempo, y puede parar los golpes del atacante de Jim, logrando noquearle de una patada testicular.
Los tres suben al taxi en un alto grado de excitación, y tras una charla no
muy amistosa y una pistola en la cabeza, convencen al conductor para que ponga
tierra de por medio. En el asiento trasero la desafortunada Caroline, a pesar de estar a una
distancia considerable del local, siente un escalofrío sobrehumano que le hiela
la sangre y la obliga a mirar hacia atrás, donde una figura humana con una
máscara ritual iluminada por el fuego la mira desde lejos, imagina que murmura palabras
en un idioma desconocido... Llena de temor no nota más que un leve cosquilleo.
Parece que la distancia impide que la ¿maldición?, el ¿hechizo?, cualquier cosa que espante a la razón tambaleante de Caroline surta efecto.
Esto es de locos. Tras sobornar al taxista para que no diga nada de lo ocurrido,
llegan a casa de Jim en un estado de sobreexcitación que les deja rendidos.
18 de enero, lunes. Vuelta a la pesadilla.
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| Incendio en la "Pequeña África", barriada marginal de Harlem |
Nigel dedica toda la mañana a intentar localizar a Doris
en las residencias y sanatorios de Harlem, sin éxito, ya que en ninguna de
ellas consta la existencia de alguien con ese nombre ni características.
Mientras tanto, Jim trata de descifrar el librillo de
contabilidad de la casa del Juju, y a pesar de no entender cómo sobrevive la
tienda, descubre que con una periodicidad mensual llegaban al local una serie
de cajas grandes. Después se traslada con Caroline, que se ha convertido en su
guardaespaldas, a Barley& Grey Asociados para lograr una cita con la millonaria
Erica Carlyle. Deja caer que sabe algo acerca de la expedición de Roger que
podría ser interesante. El abogado pasa a su despacho y después de una llamada
le dice:
Mr. Barley: -Es su día de suerte, la Srta. Carlyle acudirá
mañana al hipódromo de Belmont Park, a las carreras de caballos. Mañana tendrá
cinco minutos para usted a las 12, sea puntual. Y si me concede un consejo, no
insista con su hermano, no es uno de sus temas favoritos-.
Una vez reunidos los tres compañeros no se ponen de
acuerdo en qué hacer. Nigel y Caroline deciden volver a la tienda esa noche
para investigar por su cuenta, pero Jim se desentiende del asunto, puesto que hoy es el concierto de la sensual Betty Boop.
Ya en Harlem, Caroline y Nigel ven que en los restos
de la tienda hay un par de niños hurgando, pero que desaparecen cuando se
aproximan los dos. Tras explorar los cimientos calcinados del local y remover unos cuantos
escombros, descubren la entrada al sótano, una escaleras de piedra que
descienden varios metros y a las que hay que entrar en fila de a uno. No tienen
luz, pero bajan encendiendo varias cerillas.
Nigel va primero, alumbrando como puede el largo pasillo
del sótano, navaja en mano, mientras Caroline le cubre las espaldas. Las
escaleras acaban en un pasillo, se tropiezan con una lámpara de queroseno que
una vez encendida les muestra una gran puerta entreabierta cuya cerradura coincide
con la llave que anoche quitaron al dueño.
El espectáculo que allí descubren es inquietante y
dantesco: es una gran sala cuadrada, en la cual encuentran una especie de pozo
o cripta semiabierta, con una piedra que hace de tapa enganchada a un sistema de
polea. Del agujero emana un hedor asqueroso y gotea una sustancia babosa y
viscosa. Nigel alumbra cerca del pozo y observa dos postes verticales manchados
de sangre de los que cuelgan tiras de cuero. En uno de los postes aparece
flácido un cuerpo, como una vaina reseca. La luz del farol le devuelve la
horrenda visión del rostro de Doris W., fallecida de asfixia antes de cumplir
el cometido para el que fue atada al poste. Esparcidos por la sala, ven muchos
tambores africanos y varios cadáveres de negros, muy posiblemente muertos por el
humo. Al fondo de la sala hay una cortina que tapa
el marco de una puerta, a la cual deciden acercarse, no sin antes Nigel haber
cogido un machete y Caroline desenfundar sus dos Luger. Sin embargo, un
gorgoteo llama la atención de Nigel en el pozo, y para su desgracia decide mirar
al fondo. Lo que allí ve supera con creces cualquier cosa imaginable y le
cuesta algo de cordura: en aquel agujero, a unos metros de
profundidad, acecha un horror viscoso y con bubones, una masa de carne y babas
de la cual asoman rostros humanos, de personas devoradas por aquella
monstruosidad, que sin embargo no parece capaz de salir del pozo.
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| Caroline's best friend en el sótano de la Casa del Juju |
Algo parece mover la cortina, la luz del farol casi se extingue y Caroline sin dudar, dispara a través de la tela. Oye ruidos provenientes de detrás: tras un
disparo que parece certero, la cortina cae al
suelo, dejando a la vista algo para lo que su mente no está
preparada. La nueva estancia que queda al descubierto está custodiada
por tres (cuatro contando al que ha caído “muerto”, si es que se puede matar
algo que ya está muerto) cadáveres negros andantes que se acercan lenta pero
amenazadoramente, blandiendo cada uno un enorme machete. Presa del pánico,
Caroline pierde el juicio y tras meterse la pistola en la boca, decide acabar
con su vida. Afortunadamente Nigel consigue hacerla trastabillar lo suficiente
como para impedir que apriete el gatillo, aunque se debate violentamente,
impidiendo que el joven irlandés se la lleve, ocasión que uno de los horrores
aprovecha para asestar un doloroso machetazo a Caroline, aunque sin muchas
consecuencias. Finalmente y haciendo acopio de toda su fortaleza mental y
física, Nigel consigue llevarse a Caroline a través del pasillo, perseguidos
por los lentos caminantes, y logran salir por la trampilla cerrándola y
bloqueándola.
Una vez más calmados (dentro de lo que cabe, teniendo en
cuenta lo que acaban de vivir), se van del lugar en busca de un refugio seguro.
Y ahí estaban Caroline y Nigel, supervivientes del horror de la Casa del Juju, pero al borde de la demencia y del profundo abismo
de la muerte. Maldiciendo a todos los negros del mundo, vivos y muertos, y a su
compañero Jim, el cual, por cierto, tuvo éxito en su noche, ya que acabó
llevando a su cama a la explosiva y sexy cantante (…).
















