martes, 28 de abril de 2015

New York, capítulo 2

16 de enero, sábado.
Edificio Princenton, apartamento 23-H.  Jim
Zzz.
Z.
Zz.
Zzzzzzzzz.
Zzz.
Zzzzz.
Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz. Ese zZzZumbido.z. Viene de dentro...  ZzZzzZz. Arghhh.zz. Pesadez de noche.zz. Necesito tomar algo. Zzzz.  Z dammitt¡¡¡zz. Taza volando en picado hacia el suelo.ZzZ.¿¿¿una POLILLA enorme??? Enorme. Empapada en café, ¿de donde ha salido? Mi boca.
Bicho¡¡¡¡¡
Zzzzz. La boca... Vibra.. Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz.Hacia el baño. A trompicones. Duele la garganta, las encías, las raíces de mis dientes. Vomito. Mi boca expulsa miles de insectos que inundan la estancia, es un flujo en el que se confunden mis gritos con el zumbido de los asquerosos bichos.
Mi mente se apiada de mí y caigo desmayado, en un sueño febril e imposible en el que me convierto en una de esas malditas larvas.



Central Park
Patinando en C. Park
Día despejado en New York. Nigel y Mildred acuden a Central Park, ella quiere patinar, él hace lo posible por no dar con su trasero en el hielo. A unos metros de la pista al aire libre ha ocurrido algo. Los transeúntes se apelotonan, llega la policía. Recoge el cuerpo de un vagabundo de color. Nigel observa y distingue en su frente la misma marca de Elias.
El irlandés está contento, siente mariposas en el estómago, su abuela le diría que está enamorado. Tal vez. Le sube la adrenalina pensando en todo lo acontecido esta semana. Ayer, gracias a una carta de recomendación obtenida de un profesor de Columbia pudo obtener los apuntes privados del Dr. Huston, tomados durante las sesiones de psicoanálisis que tuvo con Roger Carlyle. Está deseando enseñárselos a Jim y Henry mañana, en el funeral de Elías.
Informes del Dr. Huston (se lee mejor la fotocopia)

17 de enero, domingo.

Cementerio de Arlington
Tom, Henry y Nigel acuden a la cita. Se miran extrañados, ¿nadie ha visto a Jim?. Elías no tenía familia, pero una pareja de un hombre maduro y una señorita de rasgos acerados están allí para despedirse del difunto. Se presentan, son Jonah Kesington, editor de Elías y su acompañante Srta. Caroline. Cerca de finalizar la ceremonia aparece el teniente de policía M. Poole. Tiene una charla privada con el editor, parece que le entrega algo. Justo en ese momento, a lo lejos y por el ramal central del camposanto, Henry ve extrañado como un auto se aproxima lentamente. Le resulta familiar, claro, ¡es el Chevrolet Sedán de Jim¡ , era imposible que se olvidara del funeral de su amigo. De la sorpresa pasa a la alarma, que asoma como un relámpago sobre sus ojos: hay tres ocupantes en el vehículo, y si la vista no le engaña parecen de color. Henry y Nigel se acercan al camino y en ese momento las ventanillas descienden y los ocupantes del vehículo abren fuego sobre ellos.
Han herido a Henry, pero no es nada grave. El Chevi acelera y emprende la fuga. Poole descarga su revólver sobre el vehículo rozando la carrocería, pero Caroline, la misteriosa mujer, apunta con una Luger alemana con la precisión de un halcón, reventando una yanta. Los tres negros descienden y emprenden la huida como locos endemoniados. Ni los investigadores ni el maduro policía son capaces de darles alcance.
Acaban de sufrir un intento de asesinato por parte de los que mataron a Jackson Elías. Y se ha empleado el coche de su amigo Jim. Después de oír un molesto zumbido en su interior, abren el maletero y multitud de insectos voladores salen como disparados a presión del mismo. Una sustancia pegajosa impregna la tapicería del vehículo. La escena le cuesta algo de cordura a  Caroline.

 Próspero House
La policía se lleva a Henry al hospital para que revisen y curen esa herida superficial de bala, se lee recomienda reposo de al menos 48 horas. Tom y Nigel son invitados a comer por el Sr. Kesington. Todos están de acuerdo en una cosa: continuar con sus investigaciones hasta el final, acabar con esta secta de asesinos que guarda relación con la información que Elías manejaba sobre la expedición Carlyle. Su propia seguridad está en juego. 
El editor apoya sin reservas a los investigadores, les facilita una carta, varias notas recibidas en la editorial hace meses del mismísimo Elías desde Kenya, y una guía de El Cairo propiedad de Elías que el inspector Poole le ha entregado esta mañana. Dentro de la guía hay varias pistas: una fotografía, dos cartas dobladas y un folleto publicitario.
Además, les indica que toda esta historia huele a dinero, y que cualquier información relativa a la fortuna Carlyle y el destino de Roger puede llegar a valer muchos miles de $$$ en la manos adecuadas. Acuerda con los investigadores que la Srta. Caroline, trabaje junto a ellos como guardaespaldas profesional, esta mañana ha demostrado su valía y él pagará sus honorarios.
Kesington animando a los inv. a poner orden en las pistas
Mientras tanto Tom acude al apartamento de Jim. Ayer por la noche el aparcamiento de las torres sufrió el robo de varios vehículos.Jim está semidesnudo y tirado en el suelo, sudando y delirando al mismo tiempo, con la mirada perdida y la saliva asomando de sus labios. Le despierta y da una ducha, lleva casi 48 horas de desmayo y pesadillas insoportables. Su pérdida de cordura está asociada al desarrollo de entomofobia, aversión y terror a todo tipo de insectos.
Nigel y Jim intercambian toda la información y la parte más lúcida del segundo empieza a asociar sus sueños con la visita a la Casa del Ju Ju. En cuanto llega a casa, arroja a la basura el palo de lluvia de esa tienda de pesadilla.

Brooklyn
Nigel acude a "El mirador de Brooklyn", es domingo noche y comienza el programa de los sueños... Una de las cartas de los oyentes le alarma. Está escrita por Doris W., una mujer anciana que reside en Harlem, a dos manzanas de la Casa del Juju. En su carta dibuja algo que se repite en sus sueños: el símbolo de la secta de la lengua sangrienta, un símbolo que Nigel ya ha visto repetidas veces esta semana. Muy nervioso termina la emisión no dándole importancia al descubrimiento. Inmediatamente contacta con Jim y Caroline y deciden acudir a Harlem en un taxi, primero a la casa de la anciana, después a la tienda de máscaras africanas...

A partir de ahora la narración de la crónica corresponde al genial sin par Adolfo. ¡ Muchas gracias por el curro¡. Ha sido muy divertido ;-)
17 - 18 de enero, madrugada del domingo al lunes. Horror en Harlem.


Llegados a Harlem, los tres investigadores le piden al taxista que vaya dando vueltas, y que vuelva a pasar a intervalos de 10-15 minutos por la calle donde se encuentran la casa de Doris y la casa del Juju. (no depara nada bueno aquella visita). Desde el portal de Doris, advierten que a un par de manzanas hay un coche del que salen varias personas, entrando en la casa del Juju. Tras una breve duda, deciden subir al piso de Doris.
El edificio de apartamentos de la anciana está en un estado lamentable, y cuando suben a su piso, al llamar a la puerta nadie contesta. Alarmada por las llamadas, una vecina sale de su casa:

La vecina pelma de Doris
Vecina: -¿Qué hacen dos hombres y una mujer blancos a estas horas en un barrio como éste?
Jim: -Buenas noches señora, teníamos cita con Doris, y nos hemos retrasado un poco, ¿Sabe usted si se encuentra en casa?
Vecina: -Si quieren encontrarla, busquen a esa gentuza de sobrina que tiene, no se mete en nada bueno, todo el día en la tienducha esta que está a dos manzanas, todo el día con mala gente, ¡todos como malditas cabras! Su sobrina la llevó hace un par de días en su silla de ruedas a una residencia, o un sanatorio, o a dónde diablos sea.
Nigel: -¿Y no tiene usted una llave o algo para que podamos entrar y buscar algo que nos ayude a localizarla?
Vecina (escéptica): -¿Tú has visto el estado en el que están estas puertas, blanquito? El día menos pensado viene cualquier chalado, nos echa la puerta abajo y nos hace Dios-sabe-qué.
Jim: -Muchas gracias, buenas noches señora.

Terminado este diálogo, nuestros tres compañeros intentan entrar en la casa por sus propios medios: tras un infructuoso intento de Caroline de forzar la cerradura, Nigel, impaciente, da una patada a la puerta, que no opone resistencia y se abre sin escándalo.
Dentro se encuentran con un piso viejo y no demasiado cuidado. Aunque a primera vista no hallan nada que llame su atención, en el armario del dormitorio de Doris descubren una túnica de ritual y un Pranga (un machete de gran tamaño), unas facturas en las que aparece el nombre de la sobrina de Doris ( … …), un portarretaratos de la anciana y una bolsa de tela con varias muñecas de vudú, con unas notas en las que leen alguna cosa que les extraña: “Ritual de envío de sueños” “Resucitar cadáveres”, todo muy enigmático.Tras abandonar la casa, habiendo guardado todo lo que encontraron que piensan puede ser de utilidad, deciden ir a la casa del Juju, no sin antes decirle al taxista que continúe dando vueltas y volviendo periódicamente.
Al acercarse, Jim y Nigel curiosean a través del escaparate, pero no ven nada que llame su atención, solo parece la tienda que Jim conoce, aunque distinguen una tenue luz y sombras en el interior del local. Oyen el rugir de un motor y se refugian en un callejón lateral cercano a la entrada. Acto seguido aparece un auto que aparca en la esquina, del cual salen tres negros que no se percatan de su presencia, dirigiéndose hacia el local hablando muy alto y quitándose la ropa. Al llegar a la puerta, la golpean gritando -¡Silas¡-,  el nombre del dueño de la tienda, que les abre e invita a pasar diciendo cosas extrañas. Con la hoja entornada advierten un sonido como de tambores en su interior, pero sin saber muy bien de dónde. Tras un par de minutos, la puerta vuelve a sonar y sale el dueño  llevando un pesado cubo de basura hacia el callejón que hace esquina con su tienda, en el cual se esconden los investigadores. Al ir Silas de espaldas arrastrando el cubo, no se ha percatado de su presencia.  Una vez en el callejón, Caroline decide emboscar al anciano para sonsacarle información, y tras un leve forcejeo del cual sale victoriosa la teutona, el interrogatorio resulta de lo más infructuoso y deja a los tres amigos intranquilos, puesto que Nigel se da cuenta de que ese hombre no está en sus cabales:
Nigel: -¿Qué tramáis ahí dentro anciano?
Silas: -Pasad pasad, blanquitos, pasad jejejeje
Tras ponerse a balbucear palabras en otro idioma, Caroline decide dejarlo inconsciente, y registrarle: encuentra un librillo de contabilidad de la tienda y una pesada llave que lleva al pescuezo.
Al entrar en la tienda, les llaman la atención varias máscaras que parecen de médicos vudú africanos, pero lo que más les inquieta es un eco sordo de tambores proveniente del sótano, el cual descubren escondido debajo de una alfombra, que tapaba la trampilla que permite el acceso al mismo. Después de una larga discusión sobre cómo actuar a continuación, y yendo contra el criterio del Irlandés Nigel, deciden quemar la tienda, rezando por la muerte de los que han puesto en peligro la seguridad de la ciudad, la suya propia, y los asesinos de Jackson Ellías.
Una vez se han asegurado de que la trampilla está bien cubierta y tapada, prenden fuego a la tienda con un farol de queroseno que allí encuentran, pero en ese momento un espeluznante gemido procedente del sótano rasga el aire y rompe el equilibrio mental de Caroline, que queda en estado catatónico, recitando rimas infantiles en alemán y sin ser de utilidad a sus compañeros. Mientras el local comienza a arder salen a toda prisa con intención de llevarse a Silas para estudiarle e interrogarle más a fondo. Nigel se adelanta para ir a buscar al taxista que está en el portal de Doris, mientras Jim intenta calmar el estado de locura temporal de Caroline. En ese momento y a espaldas de Nigel, un automóvil gira la manzana, sus faros alumbran a Jim y Caroline en la puerta del local, sin percatarse de la presencia del joven psicoanalista, que tras avisar al taxi, se lanza en carrera a ayudar a sus amigos. Dos negros se bajan del automóvil y van directos a por Caroline y Jim, armados con dos machetes. Jim les da la bienvenida disparando, no es muy hábil con el arma corta, pero ¡bingo¡, mata a uno y hiere al otro, aunque no lo suficiente para impedir que se abalance sobre él. Mientras tanto, de la tienda empiezan a salir llamas y romperse los cristales, mientras algunos vecinos se asoman curiosos por sus ventanas. Por suerte, Caroline recupera su cordura a tiempo, y puede parar los golpes del atacante de Jim, logrando noquearle de una patada testicular. Los tres suben al taxi en un alto grado de excitación, y tras una charla no muy amistosa y una pistola en la cabeza, convencen al conductor para que ponga tierra de por medio. En el asiento trasero la desafortunada Caroline, a pesar de estar a una distancia considerable del local, siente un escalofrío sobrehumano que le hiela la sangre y la obliga a mirar hacia atrás, donde una figura humana con una máscara ritual iluminada por el fuego la mira desde lejos, imagina que murmura palabras en un idioma desconocido... Llena de temor no nota más que un leve cosquilleo. Parece que la distancia impide que la ¿maldición?, el ¿hechizo?, cualquier cosa que espante a la razón tambaleante de Caroline surta efecto. Esto es de locos. Tras sobornar al taxista para que no diga nada de lo ocurrido, llegan a casa de Jim en un estado de sobreexcitación que les deja rendidos.

18 de enero, lunes. Vuelta a la pesadilla.



Incendio en la "Pequeña África", barriada marginal de Harlem
A la mañana siguiente los periódicos indican que la redada de la policía ha desmantelado un grupo de etnia de color, responsable de los asesinatos de Nueva York que tenían como centro de reunión el tugurio en Harlem de Mabel La Gorda, y se  menciona el incendio de la Casa del Juju como relacionado con los hechos. Parece que algunos heridos se encuentran hospitalizados.
Nigel dedica toda la mañana a intentar localizar a Doris en las residencias y sanatorios de Harlem, sin éxito, ya que en ninguna de ellas consta la existencia de alguien con ese nombre ni características.
Mientras tanto, Jim trata de descifrar el librillo de contabilidad de la casa del Juju, y a pesar de no entender cómo sobrevive la tienda, descubre que con una periodicidad mensual llegaban al local una serie de cajas grandes. Después se traslada con Caroline, que se ha convertido en su guardaespaldas, a Barley& Grey Asociados para lograr una cita con la millonaria Erica Carlyle. Deja caer que sabe algo acerca de la expedición de Roger que podría ser interesante. El abogado pasa a su despacho y después de una llamada le dice:
Mr. Barley: -Es su día de suerte, la Srta. Carlyle acudirá mañana al hipódromo de Belmont Park, a las carreras de caballos. Mañana tendrá cinco minutos para usted a las 12, sea puntual. Y si me concede un consejo, no insista con su hermano, no es uno de sus temas favoritos-.
Una vez reunidos los tres compañeros no se ponen de acuerdo en qué hacer. Nigel y Caroline deciden volver a la tienda esa noche para investigar por su cuenta, pero Jim se desentiende del asunto, puesto que hoy es el concierto de la sensual Betty Boop.
Ya en Harlem, Caroline y Nigel ven que en los restos de la tienda hay un par de niños hurgando, pero que desaparecen cuando se aproximan los dos. Tras explorar los cimientos calcinados del local y remover unos cuantos escombros, descubren la entrada al sótano, una escaleras de piedra que descienden varios metros y a las que hay que entrar en fila de a uno. No tienen luz, pero bajan encendiendo varias cerillas.
Nigel va primero, alumbrando como puede el largo pasillo del sótano, navaja en mano, mientras Caroline le cubre las espaldas. Las escaleras acaban en un pasillo, se tropiezan con una lámpara de queroseno que una vez encendida les muestra una gran puerta entreabierta cuya cerradura coincide con la llave que anoche quitaron al dueño.
El espectáculo que allí descubren es inquietante y dantesco: es una gran sala cuadrada, en la cual encuentran una especie de pozo o cripta semiabierta, con una piedra que hace de tapa enganchada a un sistema de polea. Del agujero emana un hedor asqueroso y gotea una sustancia babosa y viscosa. Nigel alumbra cerca del pozo y observa dos postes verticales manchados de sangre de los que cuelgan tiras de cuero. En uno de los postes aparece flácido un cuerpo, como una vaina reseca. La luz del farol le devuelve la horrenda visión del rostro de Doris W., fallecida de asfixia antes de cumplir el cometido para el que fue atada al poste. Esparcidos por la sala, ven muchos tambores africanos y varios cadáveres de negros, muy posiblemente muertos por el humo. Al fondo de la sala hay una cortina que tapa el marco de una puerta, a la cual deciden acercarse, no sin antes Nigel haber cogido un machete y Caroline desenfundar sus dos Luger. Sin embargo, un gorgoteo llama la atención de Nigel en el pozo, y para su desgracia decide mirar al fondo. Lo que allí ve supera con creces cualquier cosa imaginable y le cuesta algo de cordura: en aquel agujero, a unos metros de profundidad, acecha un horror viscoso y con bubones, una masa de carne y babas de la cual asoman rostros humanos, de personas devoradas por aquella monstruosidad, que sin embargo no parece capaz de salir del pozo.
Caroline's best friend en el sótano de la Casa del Juju
Algo parece mover la cortina, la luz del farol casi se extingue y Caroline sin dudar, dispara a través de la tela. Oye ruidos provenientes de detrás: tras un disparo que parece certero, la cortina cae al suelo, dejando a la vista algo para lo que su mente no está preparada. La nueva estancia que queda al descubierto está custodiada por tres (cuatro contando al que ha caído “muerto”, si es que se puede matar algo que ya está muerto) cadáveres negros andantes que se acercan lenta pero amenazadoramente, blandiendo cada uno un enorme machete. Presa del pánico, Caroline pierde el juicio y tras meterse la pistola en la boca, decide acabar con su vida. Afortunadamente Nigel consigue hacerla trastabillar lo suficiente como para impedir que apriete el gatillo, aunque se debate violentamente, impidiendo que el joven irlandés se la lleve, ocasión que uno de los horrores aprovecha para asestar un doloroso machetazo a Caroline, aunque sin muchas consecuencias. Finalmente y haciendo acopio de toda su fortaleza mental y física, Nigel consigue llevarse a Caroline a través del pasillo, perseguidos por los lentos caminantes, y logran salir por la trampilla cerrándola y bloqueándola.
Una vez más calmados (dentro de lo que cabe, teniendo en cuenta lo que acaban de vivir), se van del lugar en busca de un refugio seguro. Y ahí estaban Caroline y Nigel, supervivientes del horror de la Casa del Juju, pero al borde de la demencia y del profundo abismo de la muerte. Maldiciendo a todos los negros del mundo, vivos y muertos, y a su compañero Jim, el cual, por cierto, tuvo éxito en su noche, ya que acabó llevando a su cama a la explosiva y sexy cantante (…).

Mapa con las localizaciones de NY visitadas hasta la fecha

Henry O' Connor (Alex)

Henry y su pasión por las ondas hercianas
Henry es hijo de John e Isabella O'Connor. Su padre es escritor y propietario de una librería de Manhattan especializada en historia americana. La madre falleció cuando Henry tenía siete años:  afectada por graves brotes psicóticos fue internada en un hospital psiquiátrico del que nunca salió. El carácter taciturno de John y su mutismo respecto a este hecho luctuoso, fueron distanciando a padre e hijo. Presionado por su progenitor, Henry ingresó en la Universidad de Columbia para estudiar periodismo y filología, pero allí descubrió la radiofonía que se convirtió en su pasión.
 En 1917 se alistó voluntariamente en el ejército norteamericano para participar en la Gran Guerra. Luchó en el batallón "Abraham Lincoln" de comunicaciones, y en la segunda batalla del Marne recibió restos de metralla en la pierna izquierda. Convaleciente de sus heridas en París, conoció a su compatriota Jim Barron, delegado de la oficina diplomática estadounidense en Francia. Una vez recuperado pasó varios años recorriendo Centroeuropa.  De vuelta a Nueva York decide emplear sus escasos ahorros para fundar en 1924, junto a su amigo Jim como socio capitalista, la emisora de radio "El mirador de Brooklyn".Emite desde una buhardilla de Brooklyn y su programa estrella es "Sueños de la gran manzana", un programa radiado por el universitario irlandés Nigel O., joven estudiante de medicina que todos los domingos interpreta los sueños de los neoyorquinos desde una óptica psicoanalítica.

lunes, 20 de abril de 2015

Trailer para introducir la campaña

Encontré ayer este maravilloso vídeo que viene como anillo al dedo para ambientar la campaña que comenzamos el viernes, espero que lo disfrutéis tanto como yo:



Por cierto, ¿para cuando la próxima?

domingo, 19 de abril de 2015

New York, capítulo 1

12 de enero, tarde- noche.
Cotton Club
Como cada lunes los tres amigos se ven en el Cotton Club, un garito de moda de Harlem con el mejor blues y jazz de la ciudad. Jim informa a Henry y Nigel del telegrama y se preguntan acerca de la expedición Carlyle. Ninguno ha oído hablar de ella antes; es lógico, ya que esos años no se encontraban en NY. Se presenta la artista que actúa esta noche, la joven revelación Helen Kane, muy bella y sensual. Durante la actuación baja del escenario y saca de entre el público a bailar a Jim, que extasiado por la diva no consigue seguirla al compás de la música. Al terminar el número los amigos deciden indagar entre los camareros del local y algunos clientes habituales. Consiguen enterarse de que la expedición liderada por el joven heredero y playboy Roger Carlyle, partió rumbo a Europa hace seis años para finalmente sufrir un espantoso final a manos de tribus caníbales africanas, mientras realizaban un safari fotográfico Semanas antes de su partida, Carlyle se obsesionó con una mujer joven de color que le acompañaba a todos lados en público. La gran beneficiada de todo esto fue la hermana de Carlyle, Erica, que de la noche a la mañana se convirtió en dueña del gran holding industrial de la familia. Desde entonces las empresas Carlyle han sufrido una subida meteórica en bolsa. Henry aprovecha y consigue un nuevo anunciante de coches de ocasión para "El mirador de Brooklyn", !ya queda menos para colocar a la sociedad de radio en números negros¡.
La guapa Helen Kane
Antes de terminar la velada un camarero lleva una carta perfumada a la mesa para Jim: son dos entradas para el estreno de Helen Kane en el Radio Music Hall de NY el lunes próximo, con una nota en la que la diva dice que sería un placer contar con el diplomático entre el público. Jim se pavonea y presume de su éxito con las mujeres. Es hora de volver a casa y los tres deciden que mañana indagarán todo lo posible sobre la expedición Carlyle y los libros que ha publicado Elias. Así pretenden estar preparados para su llegada. Nigel le pide suelto a Henry para el taxi de vuelta a la residencia (cualquier ocasión es buena para sangrar al jefe),  y se despiden.



 13 de enero, martes.
Universidad de Columbia, NY
Jim acude a su trabajo y desde allí telefonea a la Public Library (P.L.) para hablar con su amigo Tom y queda a comer. Nigel pasa la mañana en la hemeroteca de la biblioteca de Columbia y obtiene varios recortes de prensa sobre Erica Carlyle y el viaje que realizó en busca de su hermano, que terminó con las autoridades keniatas condenando a muerte a miembros de la tribu nandi por asesinar a los integrantes de la exp. Carlyle, aunque los restos de los hombres blancos no pudieron hallarse. Henry emplea la mañana en recopilar toda la bibliografía de Elías, tomando prestados dos libros de la P.L. Curiosamente toda la obra de Elías ha sido publicada por una misma editorial, Próspero Books, ubicada a escasas manzanas de allí.

NY Public Library (P.L.)
Para almorzar se reúnen todos en la P.L. y se juntan con Tom Brown, el bibliotecario jefe de la sección de Historia Moderna y amigo de la infancia de Jim y Elías. Tom está desbordado porque tiene que clasificar e inventariar muchas obras recién llegadas y los operarios a sus órdenes son muy torpes. Hablan de Elías y de la exp. Carlyle. Preguntado sobre la editorial Tom recuerda que hace años Elías le presentó a Jonas Kesington, amigo y editor jefe de Próspero. Sobre la exp. Tom detalla el itinerario que siguió: NY - Londres - El Cairo - Mombasa en Kenya. En ese momento se presenta Mildred, una joven poco agraciada estudiante de Historia en Harvard que está realizando prácticas a las órdenes de Tom. Mildred recuerda perfectamente el revuelo que provocó la exp. Carlyle y su trágico final. Está poniendo orden en la filmoteca de la biblioteca, una nueva sección que no cuenta con muchos fondos. Sintiéndose atraída por Nigel, promete que al revisar las filminas hará una búsqueda exhaustiva sobre el tema.

14 de enero, miércoles.
La mañana es anodina y poco interesante: Henry lee una de las obras de Elías sobre sectas del Indostán relacionadas con el sistema de castas, Nigel vuelve a la hemeroteca pero su esfuerzo no rinde frutos, y Jim acude a su trabajo en Union Square.
Para almorzar vuelven a la P.L. Allí una Mildred emocionada les lleva a una sala de proyección para mostrarles una grabación original de la expedición Carlyle y recortes de prensa que ha encontrado, !esta mujer es una mina¡.



Son casi las cinco de la tarde, y viendo la dirección de Próspero Books en los libros de Henry deciden pasarse a hacer una visita al Sr. Kesington; ya mañana averiguarán más datos sobre los protagonistas de la exp. Montan en el Chevrolet de Jim y se presentan en la editorial. El edificio de oficinas tiene una entrada principal y otra exclusiva para Próspero Books. Llaman al timbre pero la secretaria de Jonas, Margaret, les despacha diciendo que su jornada ya ha acabado y que su jefe se encuentra de viaje a Florida y no volverá en un par de días, - Regresen entonces-, responde a los investigadores tras marcharse a casa. Jim consigue entrar en las oficinas de la editorial utilizando su crédito y el nombre de Jonas y de su secretaria ante el guardia del edificio. Allí se encuentra un empleado maquetando un trabajo. Sin levantar sospechas entra en el despacho de Jonas, y con la luz de la calle revuelve el escritorio y encuentra unas notas agrupadas en un clip del puño y letra de Elías fechadas de hace pocas semanas en Londres. Son garabatos muy confusos que denotan un estado mental desequilibrado y paranoico. Jim decide copiarlos en su libreta. No le da tiempo a más y debe marcharse para no levantar sospechas. Reunidos los tres analizan las notas. El día ha terminado mejor de como comenzara. Mañana podrán preguntar a Elías en persona y resolver cualquier duda.

 14 de enero, jueves.
Es hora de averiguar algo más sobre los integrantes de la expedición Carlyle. Nigel decide hablar con profesores de Columbia acerca del Dr. Robert Huston, psicoanalista de Roger y participante de la expedición, y descubre la siguiente información:
Cinco blancos y una negra
"Robert era el menor de tres hermanos hijos de un médico de Chicago que se graduó con honores en Johns Hopkins (famosa escuela de medicina de los EEUU). Al cabo de tres años se libró de su consulta de enfermedades circulatorias y divorció de su mujer, yendo a Viena a estudiar primero con Freud y luego con Jung la teoría psicoanalítica. Huston fue uno de los primeros americanos en acometer tan esotéricos y controvertidos estudios, que aparentemente tenían mucho que ver con comportamientos sexuales y traumas enterrados en el subconsciente. Su elegancia e ingenio le granjearon una enorme popularidad a su vuelta a Nueva York, donde estableció una consulta de psicoanálisis conocida especialmente por lo elevado de sus facturas que estaban entre los 50 y los 60 $ por visita. Erica Carlyle fue una de sus primeras pacientes, eso le llevó a tratar a su hermano Roger. Aparentemente se unió a la expedición Carlyle a El Cairo para continuar el tratamiento de Roger." Nigel se siente intrigado e identificado a partes iguales con la historia del Dr. Robert.
Henry, que se encuentra impactado por las notas de Elías donde aprecia cierto brote psicótico, decide emplear la mañana en el Sanatorio mental de la isla de Roosevelt. Para su desgracia llegan a confundirle con un  loco de atar y tiene que salir por patas de tan prestigiosa institución.
Mientras tanto Jim espera en su trabajo la llamada de Elías que no se produce hasta las seis de la tarde al teléfono de Tom, cuando los amigos vuelven a verse en la P.L.: - Es Elias- dice Tom dirigiéndose a Jim - quiere vernos en su hotel en un par de horas, en el Chelsea, habitación 401. Le he notado algo nervioso y ha colgado enseguida.-.

En el hotel comienzan los problemas de verdad. En el hall de entrada les confirman la habitación pero el teléfono no responde. Cuando enfilan hacia el ascensor, Henry se da cuenta de que la recepcionista se ha quedado con la palabra en los labios, finalmente les comenta que hace escasa media hora llegaron tres hombres preguntando también por la 401, dos de ellos de color. Frente a la puerta deciden escuchar y oyen alboroto y ruido, con muebles moviéndose. Llaman y el ruido cesa, el silencio es sepulcral al otro lado. Insisten pero no hay respuesta. Nigel tiene la precaución de asomarse a la ventana del pasillo que da a la misma cornisa y callejón que la de la 401, observa una escalera de incendios en muy mal estado y las cortinas de la habitación ondeando al viento. Henry decide bajar a recepción a por la llave y de repente todo se precipita. Tom y Jim golpean la puerta intentando echarla abajo pero solo consigue acabar magullados, mientras Nigel observa como dos hombres, uno de ellos negro,  viestidos con harapos y un repulsivo gorro rojo, salen a toda prisa de la habitación y comienzan a descender por la escalera de incendios hacia el callejón. Tom, Jim y Nigel no se lo piensan y corren raudos hacia la salida del hotel por la escalera principal, cruzándose con Henry que sin saber nada vuelve a la puerta de la habitación por el ascensor. Casi sin resuello, Nigel y Jim salen a la puerta del Chelsea justo para ver como los dos extraños se montan en un coche negro y emprenden la huida por la 23st. dirección oeste. Se montan en el vehículo de Jim y emprenden la persecución. En el cruce con la 11th. Av. el disco está en rojo, tan sólo cinco coches los separan y Nigel decide en el último momento bajar del vehículo para abordarlos. Su indecisión hace que el disco cambie a verde y se reinicie la persecución pero quedando Jim sólo al volante. Al menos Nigel ha tomado el modelo y la matrícula. Enfilan la avenida dirección norte, paralelos al Hudson River, pero al diplomático le pueden los nervios: un volantazo (pifia) hace que la yanta de su coche reviente contra un bordillo. El coche se pierde en la lejanía y Jim maldice su torpeza. No sabe que lo peor está por llegar.

Sorpresa en la 401
Volvamos a la 401. Henry se extraña al no ver a sus compañeros, tan sólo han transcurrido 5 o 10 minutos. Introduce la llave en la puerta y entra. El desorden y el caos en la habitación es total, pero no tiene tiempo para fijarse en nada más que una sombra a su derecha, que como un latigazo se abalanza con un gigantesco machete sobre él. Consigue evitar el golpe tropezando con los muebles de la habitación, y como buen veterano lanza una patada que le permite encararse con su enemigo. El negro, con los ojos fuera de sus órbitas de un brinco se abalanza hacia la escalera de incendios emprendiendo la huida. Henry está confuso y alarmado, observa a su alrrededor y el horror se apodera de su vista: sobre la cama de la habitación yace el cuerpo inerme de Jackson Elías, completamente destripado y con la cabeza en una posición imposible, balanceándose sobre la cama Queen size. Cualquier hombre vomitaría ante la escena de salpicaduras de sangre y vísceras, cualquiera menos Henry, que saltó varias veces la trinchera en la Gran Guerra, y tiene un estómago acostumbrado a cosas mucho peores. Eso no impide que el vello de su cuello se erize. Toda la estancia es un caos, los asesinos parecen haber rebuscado a conciencia en ella. Actúa rápido y registra la habitación. Son pocas las cosas que llaman su atención: una caja de cerillas que procede de Shangay y una guía de viaje de bolsillo de El Cairo bajo el pequeño escritorio. Se acerca al desdichado cuerpo de Elías y aprecia que en la frente le han grabado con una hoja un símbolo en carne viva. Pareciera un crimen ritual. Baja al hotel y pide que llamen a la policía, se ha cometido un homicidio.

Mientras tanto Nigel está confuso, retoma la acera de la 23st. y vuelve andando dirección al hotel. Pero el irlandés tiene un día de suerte, de trébol de cuatro hojas. De repente observa en la siguiente manzana una figura que le resulta familiar: un negro con un gorro rojo, de gran tamaño, que se desplaza como aturdido por la acera. Va a cruzar y Nigel decide colocarse a su espalda con bastante éxito, observa que aparece crispado y nervioso, mira en todas direcciones sin saber muy bien qué hacer, y aferra en su mano derecha algo que parece una cartera. De repente el asesino gira sobre sí mismo y Nigel se encuentra frente a frente, es el momento de intentar arrebatarle su botín, cosa que logra de forma muy hábil aunque se lleva un buen golpe en el cogote mientras sale corriendo con la cartera.



El teniente Martín Poole y el cuerpo de policía se presentan en el hotel. Interrogan a Henry que no es capaz de hilar una coartada razonable aunque cuenta toda la verdad de lo ocurrido. Todo se complica cuando le cachean y la guía del Cairo cae de su bolsillo. El teniente se adelanta a Henry y la levanta del suelo, cayendo de sus hojas unos papeles, uno de ellos una carta dirigida al mismísimo Elías. Esta noche Henry irá a comisaría a prestar declaración.
Cuando Jim vuelve al hotel en taxi recibe el mazazo de la muerte de Elías, intenta subir a la habitación, pero un policía de guardia custodia la escena del crimen. Le indica que si tiene algo de lo que informar acuda a la comisaria y pregunte por el teniente Poole. Nigel, Tom y Jim deciden ir a declarar, intentarán aclarar todo para que suelten a Henry.
Las tiradas de crédito y charlatanería de Jim tienen efecto y el teniente cree su versión de los hechos. Además no quiere una dura editorial del Wall Street Journal mañana poniendo a caer de un burro al cuerpo. Es un hombre sensato y sabe que los investigadores no tienen nada que ver con este asesinato. Por eso soltará a Henry siempre y cuando colaboren y estén localizables los próximos días. Además les cuenta lo que sabe:
"Éste es el noveno crimen de estas características en los últimos dos años. Las víctimas no parecían tener relación alguna entre sí. Había gente pobre, rica y de clase media, blancos y negros, y de diversas partes de la ciudad. Todas las víctimas tenían las mismas marcas en la frente, que ha sido posible relacionar con una oscura secta de asesinos de África, acerca de la cual los habitantes de Harlem se niegan en redondo a hablar. ... Estamos empleando los servicios del doctor Morcadei Lemming, un experto en folklore africano ... suponemos que se trata de crímenes rituales de gente que, de alguna forma, había llegado a saber demasiado..... todo lo que sacamos es que los difuntos se habían mezclado con gente rara...”.
Ha sido un día triste y duro. La rabia y el dolor acompañan a los investigadores. Jim y Tom no piensan cejar en su empeño por descubrir quien o quienes se esconden detrás de la muerte de su amigo. Antes de ir a descansar, Nigel les levanta el ánimo y les enseña su afortunado botín, la cartera de Elías, que tiene muy pocos $$$$ para desilusión del joven irlandés, pero en ella aparecen varias pistas:
Una tarjeta de visita elegantemente impresa
 “FUNDACIÓN PENHEW
35 Tottenham Court Road
Londres W1
Edward Gavigan, Director

Una tarjeta comercial impresa en papel corriente:
IMPORTACIONES EMERSON
648 Oeste, calle 47
Nueva York, Nueva York
Teléfono: HA 6-3900

Con la letra de Elías se ha añadido en el reverso el nombre: “Silas N’Kwane”.

15 de enero, viernes.
Intrigado por la tarjeta de la cartera de Elías, Henry se centra en encontrar información en la P.L. sobre el miembro de la exp., el británico Lord Penhew y la runa grabada en la frente del desdichado Elías. Tras una mañana de revisar revistas británicas de ecos de sociedad descubre lo siguiente:
"La vida pública de Lord Penhew es fácil de investigar, con la inevitable cuota de ovejas negras y bribones a lo largo de los siglos, los Penhew trazan sus nobles orígenes hasta Guillermo el Conquistador, cuando Sir Boris Penhew adquirió grandes propiedades en el Oeste de Inglaterra. La prosperidad y el prestigio de los Penhew han permanecido incólumes durante ocho siglos.
Sir Aubrey estudió Arqueología en la Universidad de Oxford, graduándose con matrícula de honor e invirtiendo los siguientes años en Egipto donde estuvo realizando exploraciones y excavaciones de prueba en las por aquel entonces poco conocidas zonas de río arriba, la Primera Catarata y aún más arriba. Como señala su biografía oficial, Sir Aubrey es el fundador de diversas ramas de la Egiptología, amén de haber realizado infinidad de importantes descubrimientos arqueológicos, particularmente en Dhashur. Casi tan importante como él, la Fundación Penhew, creada por Sir Aubrey, ha emprendido muchas e importantes investigaciones en Inglaterra y en el extranjero, y es la responsable de la educación de gran cantidad de jóvenes prometedores pero carentes de recursos. Es tremendamente rico y según parece aumentó su fortuna a través de compañías americanas participadas por él durante la Gran Guerra. Aunque es una figura pública, la vida privada de Sir Aubrey es casi totalmente desconocida. Es soltero y no tiene familia o herederos aparte de la Fundación Penhew. Sus compañeros egiptólogos le tienen en gran estima.”
 Sobre el símbolo descubre que es muy antiguo, y se cree que pertenece a una innominada secta que fue expulsada del antiguo Egipto dinástico y se refugió en África Oriental. Egipto está presente en ambas investigaciones.


Nigel continúa indagando sobre el Dr. Robert Huston, y cae en la cuenta que tras su fallecimiento es posible que sus archivos médicos hayan quedado guardados en el Colegio de Médicos de NY y podrían ser de utilidad por partida doble: para saber más de la exp. Carlyle y colmar su curiosidad sobre el trabajo del doctor.

Jim tiene una mañana atareada, avisa en su trabajo de que no irá. A primera hora recoge el auto del taller y se dispone a visitar "Importaciones Emerson" junto a los muelles del River East. Pero antes le gustaría preparar una visita a Erica Carlyle. Llama a su padre, para averiguar qué bufete de NY se encargó del papeleo ante los tribunales para declarar a Roger Carlyle muerto y así lograr que Erica pasara a ser propietaria del holding industrial.
Tras la pista en los muelles de NY
El Sr. Emerson es el dueño de un pequeño negocio y no parece muy sorprendido cuando Jim le pregunta por Jackson Elias y el nombre de Silas N’Kwane que figura en la tarjeta. Dice que no quiere líos con la policía y farfulla algo así como que "los negros son extranjeros turbios que no pueden traer nada bueno". Comenta a Jim que ayer Elías estuvo recorriendo los muelles hasta dar con él. Quería saber si importaba mercancía de Kenya, y si era así que tipo de objetos en cuestión y a quién. A Emerson le pareció que Elías era un agente de aduanas encubierto y le dió toda la información que tenía al respecto, pidiéndole a cambio una tarjeta de visita:
"Emerson importa máscaras y objetos de artesanía africana desde Mombasa (su agente exportador se llama Ahja Sing) para una tienda de Harlem regentada por negros que se llama la "Casa del Ju Ju". El propietario es el tal Silas, un hombre ya mayor que paga bien. Si Jim quiere puede darle la dirección."
Es tarde, pero si se da prisa puede llegar a Harlem antes de las cinco. Allí aparca en una calle deprimida y observa la sucia puerta de cristal de la Casa del Ju Ju. Un par de borrachos se bambolean por la acera, y varios niños que juegan en la calle muy mal vestidos se acercan al coche de Jim. Este entra en la tienda, un lugar pequeño y bastante oscuro lleno de objetos tribales y cachivaches. No hay clientes, tan sólo un anciano en el mostrador que con una sonrisa le pregunta qué desea. Jim le habla de Elias y le pregunta que si le conoce, a lo que el dependiente indica que no. Jim decide comprar un objeto de la Casa del Ju Ju, el anciano Silas le ofrece un palo de lluvia, le traerá fortuna señor, de madera de teca por 16$. Al salir Jim decide regresar a casa, ha tenido bastante por hoy y está ciertamente agotado. Mientras conduce hacia el sur por la 5th Av. dejando a mano derecha Central Park mira el retrovisor y tiene la sensación de que le sigue alguien. Vuelve a mirar y se convence de que ha sido un espejismo.
Cuando llega a casa recoge en portería un aviso de Tom: el funeral de Elias será el domingo por la mañana en Arlingtong Road.