El viernes volvimos al tajo
rolero con la plantilla al completo y ganas de divertirnos. Según mi opinión
fue una sesión muy entretenida, con momentos angustiosos e incluso memorables.
Los jugadores estuvieron al borde del fracaso más de una vez: hubo tiempo para
investigar, apostar en las carreras de caballos, enfrentarse al sumo sacerdote de la secta en
dos escenas de combate que casi se cobran sus vidas, y reponer fuerzas antes de
decidir la siguiente parada: Londres.
Muchas gracias chicos por hacer que me lo pasara tan bien.
19 de enero, martes
Belmont Park
La mañana del martes comienza
tranquila, Jim se despierta con su modorra “zzz”
habitual y una nota de Helen donde le agradece la noche pasada, y le advierte que ha
tenido horribles pesadillas acompañadas de gritos. Tiene una cita con Erica
Carlyle.
Los cuatro parten en el auto del
diplomático hacia Belmont Park, el hipódromo a la afueras de New York, donde
Erica practica el noble arte de la equitación, habilidad con la que Jim hace el
ridículo. Por suerte y a pesar de su paranoia creciente, aún no ha perdido su
magnetismo con las mujeres y la magnate se ofrece a montarle en la grupa de su
caballo mientras charlan. Erica tiene especial inquina hacia “la negra”, a la
que cree responsable de las locuras de su hermano. Hace un mes, en una obra de
reforma de la biblioteca de la mansión, apareció una caja fuerte donde Roger
guardaba los tomos que le obsesionaron y animaron a realizar la expedición a
Egipto. Erica quiere deshacerse de ellos, si Jim está interesado, mañana mismo se celebra una subasta de esos libros en Sotheby’s. La Srta. Carlyle no
cree que su hermano se encuentre con vida, pero está dispuesta a pagar por averiguar
qué ocurrió en realidad. Pone como única condición que se la informe de lo
descubierto, y no se publique nada sin su consentimiento previo. Y avisa: si alguien quiere jugar a chantajear a su familia, se enfrentará a un ejército de
picapleitos y matones.
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| Arre arre caballito... |
Mientras tanto, Caroline juega a disparar unas latas con el
gorila Joe, del que saca algo de información referente al guardaespaldas de
Roger, Jim “Brass”. Henry husmea por las tribunas de Belmont Park, escuchando
una valiosa información que le anima a apostar en las dos primeras carreras. Las
apuestas de caballos son muy divertidas; todos menos Nigel consiguen
rentabilizar su inversión, y los nombres de los caballos (“Mucho Macho Man” o
“California Chrome”, “Tonalist” o “Rolle on Ice”) resultan muy sugerentes.
En el camino de vuelta Jim sufre
una indisposición que casi provoca un accidente. Su mente se encuentra
especialmente confusa, cree ver unos destellos y después vomita
dentro del vehículo hasta echar la primera papilla.
El nido de Mukunga
De regreso a Manhattan les
espera una tarde-noche inolvidable y mortífera. El teniente Poole ha
telefoneado a Tom: han descubierto el piso franco de Mukunga, el sumo sacerdote
de la secta de la lengua sangrienta; y van a realizar una redada en la que le
gustaría que estuvieran presentes. Cuando llegan a los muelles de Harlem el acceso
al bloque está acordonado. Suben al apartamento, la policía de New York está
haciendo su trabajo, el pájaro ha volado pero hay muchas pruebas
incriminatorias. Un pequeño altarcillo tapado por cera derretida de velas
presenta cosas tan inquietantes como cuencos con sangre, plumas, restos de un
huevo y lo que es peor, fotografías de Jim y de su padre rasgadas con una
cuchilla. Jim ve tambalear su cordura y empieza a entender todo lo que le
ocurre. Pide protección a la policía hasta que sea detenido el asesino. De
repente un agente reclama al teniente indicándole que la prensa está en la calle
y espera sus declaraciones, cree buena idea acudir junto a Jim a atender a los
periódicos.
Henry, Nigel y Caroline quedan
por un instante solos en el apartamento, y aprovechan para registrarlo a
conciencia. Encuentran entre la cera del altar dos esferas rotas de la
colección de relojes de bolsillo de Jim, y en la papelera fragmentos de un
telegrama que Mukunga ha puesto esta mañana a Londres junto a un arrugado plano
del zoo de Central Park. Caroline descubre una tabla suelta en el suelo y bajo
ella un libro,el “Sectas oscuras de
África” que buscaba Elías, y estaba desaparecido de la biblioteca de Harvard.
El teniente Poole atiende a los
medios y llegado el momento de preguntar a Jim, este queda anonadado cuando un
periodista le pregunta por el estado de salud de su padre. Hace una hora un teletipo ha
informado de que ha sufrido un derrame y que ha sido ingresado en estado grave.
Jim acude al hospital donde se encuentran sus hermanas. Su padre está en coma,
al visitarle en su habitación sufre un nuevo ataque coronario (un nefasto 99 en tirada de CON tiene la culpa) y
muere esa misma tarde.
Madrugada del 19 al 20 de enero. Torre Princeton Club, planta 23. 43rd Street.
Un sueño y una pesadilla.
La noche se presenta muy larga,
los investigadores deciden reunirse en el apartamento de Jim, mostrarle sus condolencias
y velar a su amigo. El teniente Poole envía un agente
para garantizar la seguridad del testigo. Henry acude a Brooklyn y regresa con
su escopeta para montar guardia en el apartamento; pronto se dará cuenta de lo crucial de esta decisión. Nigel intenta someter a
hipnosis a Jim para aliviar su dolor, pero su mente es un manojo de emociones y
nervios y cae dormido enseguida, por lo que el irlandés se entretiene hojeando
el libro obtenido del apartamento de Mukunga. Mientras tanto, Caroline y el
policía caen rendidos en el sofá de la sala.
Sobre la 1 de la madrugada el
viento empieza a silbar y Henry observa un repiqueteo rítmico en el ventanal de
la sala. Se acerca al cristal, siente el frío del exterior, pero observa como
varios insectos, que parecen moscas, están pegados a la ventana. Caroline se despereza, y Nigel se
levanta. De repente oyen un golpe, la puerta del apartamento se ha ¿cerrado?. ¡Jim no está en la cama de su habitación!. Sin tiempo para reaccionar, la ventana
del apartamento se rompe en mil añicos y asoma del exterior un apéndice tentacular oscuro,
ciego pero rápido, que como un gigantesco ofidio apresa la pierna del policía, lo
arrastra violentamente y suelta al vacío de la noche de Manhattan, a más de 70 metros del
suelo de la 43rd St. Con los ojos fuera de
sus órbitas los tres huyen en avalancha hacia el pasillo de la torre y ven cómo
un sonámbulo Jim toma las escaleras que ascienden hacia la azotea.
Jim ya no es Jim. Es un coleóptero.
Vuela sobre inmensas extensiones de la sabana bajo el ardiente sol de África
oriental. De repente el paisaje cambia...
No son lo suficientemente rápidos
como para alcanzarle, y cuando salen a la azotea el aire de la noche
corta como un cuchillo helado, pero no es eso lo que les impacta. Con un
aullido desgarrador, una bestia alada del tamaño de un elefante se recorta
sobre el cielo de enero. Su descripción escapa a todo lo razonable, nubes de
moscas rodean su vientre, dos enorme alas membranosas se extienden como
siniestros paraguas y la cola y cabeza negras como el alquitrán son mezcla de murciélago y reptil.
El escarabajo vuela a altura estratosférica y divisa, como una mota
diminuta de polvo, las luces de la noche de Manhattan. En un descenso vertiginoso
se acercan los altos edificios de la ciudad de los hombres. De improviso, una
isla verde de paz y naturaleza.
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| Con cariño de Mukunga. |
Ya casi está a ras de suelo,
zumba y revolotea entre setos y árboles y se dirige hacia un edificio de
ladrillo, con tres arcadas donde su mente mutante de hombre-insecto lee “C…ntr…l
P..rk Z……”. Penetra en un edificio y oye un canto rítmico africano. Es el señor
de las moscas. Mukunga le atrae, su mano izquierda apresa el cuello de un ave
decapitada de plumas de colores. Su mente de insecto se dirige hacia el pájaro,
se fundirá con él y morirá sacrificado a su ¿Dios?, si no es capaz de despertar…
Nigel consigue derribar al suelo a Jim, que gracias al golpe
abandona el sueño para despertar en una pesadilla real, rodeado de insectos y
bajo la sombra de un imposible ser. Henry mantiene todos sus sentidos en
el combate; con un movimiento retráctil el ser lanza dos fallidas dentelladas al veterano.
Caroline chillando guturalmente descarga toda la munición de sus dos Luger sobre el cuerpo, y Henry
aprovecha la ocasión para hacer explotar el cañón de su escopeta en la boca de
la bestia. El retroceso del disparo le lanza contra la pared, mientras la
abominación revienta y desaparece en la noche, dejando tras de sí un intenso
olor a ozono, de noche de tormenta.
Los cuatro están vivos. No puede
decirse igual del agente que hace unos minutos bromeaba con ellos. Desde la azotea observan como en la calle se arremolina gente y han llegado coches de
policía. Jim después de una tirada de Idea exitosa recuerda y narra su sueño a los
demás. Deben actuar rápido, Mukunga casi acaba con ellos, y además sin arriesgarse a salir de su escondite. Creen saber dónde
está, el plano encontrado en su apartamento y el sueño de Jim apuntan al Zoo de
Central Park. Pero este es enorme, con varios pabellones de animales y fieras,
y Jim no es capaz de identificar el lugar exacto (tirada de Biología y
Conocimientos fallida).
Pero primero tendrán que dar una
explicación al NYPD. No se ponen de acuerdo en la versión que contar a los
agentes. Ha muerto un poli y los ánimos están caldeados. Nigel empieza a hablar
de fobia a los insectos y el policía que les toma declaración decide llevárselo
a comisaría, ¿insectos una noche gélida de enero? Pasará la noche sin saber el mortal riesgo que correrán sus amigos.
Al resto les confiscan
las armas: a Henry su escopeta y a la Srta. alemana una de las dos Luger. No hay signos de violencia ni pruebas que puedan incriminarles; aunque las explicaciones son confusas. Llega el teniente Poole agotado, y decide que arreglará las cosas al día
siguiente. El apartamento se precinta, y la policía toma nota de la dirección
donde van a pasar la noche. Pueden marcharse, pero mañana deben acudir al NYPD a realizar una declaración de lo sucedido.
Caroline está decidida a llegar hasta
el final y quiere solucionar todo esa misma noche. Convence a Henry y Jim
para hacer una visita al zoo, donde no saben cómo, esperan encontrar y acabar con el maldito Mukunga.
Narración de Adolfo (Nigel)
Let's go to the Zoo.
![]() |
| Para no perderse entre tanto bicho... |
Con Nigel en el calabozo, Jim, Caroline y Henry se dirigen en plena noche por la 5th Avenue hacia el zoo. Van con sus armas cortas. Saben que acabar con el "señor de las moscas"
supone, al menos temporalmente, el final de los horrores que han vivido en New York.
Tras aparcar frente a la entrada principal y apreciar la existencia de vigilantes, deciden rodear
el recinto en busca de un resquicio, una valla baja, o algún lugar por el cual
puedan acceder fácilmente. Como tienen el plano que encontraron en casa
de Mukunga, y puesto que Jim vio en su sueño el interior de un pabellón, a
pesar de no saber cuál, deciden escalar por detrás del de la zona
tropical. Jim y Caroline saltan sin problemas la verja, pero Henry fracasa
estrepitosamente DOS VECES, demostrando su falta de entrenamiento. Los otros dos, sintiendo que el tiempo juega en su contra, deciden dejarle atrás. Henry prosigue buscando otro sitio por donde colarse, sabiendo que sus amigos se enfrentan a un gran peligro.
Tras varios intentos de escuchar y descubrir fallidos, Jim y Caroline
llegan a la entrada del edificio, un portón de doble hoja que se cierra con cadena y ahora se encuentra entornado. Acceden sigilosamente a un pasillo central, pero el repentino vuelo y alboroto de los pájaros
tropicales, encerrados en un aviario a su izquierda, les indica que han disparado las alarmas. Alcanzan a distinguir un par de figuras al fondo de un pasillo en penumbras. La que va al frente viste de uniforme, y parece un empleado del zoo con una linterna que emite un débil rayo de luz. Nerviosos y alterados disparan sin preguntar, el hombre cae muerto y la linterna rueda en el suelo, empezando la verdadera batalla.
Un último haz de luz ilumina una
macabra e imponente figura de un par de metros de altura: es un negro de gran corpulencia y muy
musculado. Una horrible máscara vudú, la túnica de plumas y unas afiladas
garras atadas a las manos componen la figura de Mukunga, el horripilante hombre- bestia y jefe de la lengua sangrienta.
Por desgracia Jim no consigue disfrutar del espectáculo, pues el empleado llevaba una caja en la mano que al caer libera una nube de
insectos, cuyo zumbido causan en él tal pavor que sale
huyendo hacia el exterior, dejando a Caroline sola.
Varios disparos de la Luger resuenan en el pabellón, provocando un pandemonium de graznidos, gorjeos y aleteos. El hombre- bestia aprovecha la oscuridad para contraatacar. Caroline sin saber cómo, siente como su corazón es
oprimido por una mano invisible. Tras unos angustiosos segundos, la presión afloja y un disparo a ciegas alcanza a Mukunga. Sin embargo este no es el fin del brujo, ya que invocando fuerzas oscuras provoca una explosión mental en la destartalada mente de la chica. La razón abandona a nuestra heroína, que asocia el ruido de los animales que la rodean con felinos que quieren devorarla. Un paño oscuro cubre su vista y empieza a ver
ojos rojos por todos los lados, corre sin saber, presa del pánico, directa hacia su enemigo, que golpeándola con su cetro la deja fuera de juego.
Mientras tanto, el frustrado Henry ya ha encontrado un buen
lugar para entrar. Tras aterrizar en una zona con agua oye los disparos, y haciendo acopio de
todas sus fuerzas para no dejar tirados a sus amigos, se lanza en carrera
saltando heroicamente un foso de 6 metros de longitud, y llega al pabellón tropical, donde entra sigilosamente. Jim, escondido tras un árbol a varios metros, se debate entre su fobia y el ansia de venganza que recorre su cuerpo. Al ver a Henry entrar al edificio consigue serenarse, y dirigiéndose hacia la entrada abre de par en par el portón, gritando al asesino de su padre. Una suave luz entra en el
lugar y el enfurecido Mukunga arremete contra Jim empuñando sus mortales garras, sin percatarse de Henry. Cegados por la ira, los dos se enzarzan en una melé en la que las garras de Mukunga hieren a Jim de gravedad. Su pistola acierta in extremis para desviar un segundo zarpazo que habría resultado fatal. En esos segundos, que duran una eternidad, varios disparos de Henry logran herir y acabar con el brujo. La sangre de ambos se entremezcla con las plumas. Parece que el mundo se ha
librado de su malévola presencia...
Jim, malherido: - Esto va por mi padre, asqueroso negro -.
Mukunga, agonizando:
Ggg…. No sabéis… do-do-donde os hab… eis metido… aaagggg…. Lechosos...
inco-co-conscient….-.
Después del angustioso combate, al registrar su guarida, los tres amigos se llevan todas sus pertenencias (la máscara, las garras, el cetro, un bol, una cinta metálica…). Policía, vigilantes del zoo y sanitarios llegan a la escena. Jim y Caroline son ingresados en hospitales y Henry presta declaración. El teniente tiene lo que quería: al jefe de una banda de asesinos muerto. Ciertamente de un modo poco ortodoxo, pero la ciudad puede dormir tranquila y el NYPD apuntarse otro tanto ante la opinión pública. Es hora de dar carpetazo al asunto.
A la mañana siguiente Henry le contará lo sucedido al
desgraciado Nigel, quien a pesar de no haber participado en la
aventura, puede darse por afortunado por
no haberse encontrado con algún sectario en el calabozo.
20 de enero hasta el 1 de febrero
El miércoles por la mañana Tom y Henry acuden a la subasta de libros en Sotheby's y se hacen por 750$ con la colección privada de Roger Carlyle. Allí Henry vuelve a reencontrarse con su padre después de mucho tiempo.
Jim ha quedado huérfano, pero ha recibido una herencia valorada en 800.000$, suficiente dinero para desenmascarar y hacer pagar a todos aquellos que han tenido que ver con la muerte de Elías y su padre. Pasa dos semanas recuperándose de sus heridas físicas en el hospital. Las pistas apuntan a Londres, especialmente a la Fundación Penhew, tal y como indicaba el inquietante telegrama encontrado en la casa de Mukunga. El 1 de febrero zarpa hacia Southampton el RMS Queen Mary de la Cunard, una naviera inglesa de gran prestigio; comienzan los preparativos para el viaje.
Caroline también descansa una semana en el hospital. Después acude al consulado y a la editorial y recibe la buena noticia de Kesington de que el libro será publicado.
Henry y Nigel aprovechan estas dos semanas para investigar los libros de Carlyle y el "Sectas oscuras...", por el camino pierden cordura, pero empiezan a ser conscientes del horror que esconden los Mitos. También rastrean varias pistas: la conferencia del doctor australiano, la máscara de Mukunga que es llevada a un especialista antropólogo, la vida de Hypatia Masters, etc.
La próxima sesión abandonaran la seguridad de los rascacielos de New York, ¿qué les deparará Europa?, ¿tendrán tanta SUERTE como en esta última aventura?. Veremos...
La próxima sesión abandonaran la seguridad de los rascacielos de New York, ¿qué les deparará Europa?, ¿tendrán tanta SUERTE como en esta última aventura?. Veremos...



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